Angela, una niña de dos años con una sonrisa radiante, amaba los perros, los gatos, los monos y, sobre todo, los trenes. Su habitación estaba llena de juguetes: un tren rojo que hacía ruido, un osito de peluche y un peluche de mono que siempre le acompañaba. A Angela le encantaba bailar, comer pastel y, sobre todo, hacer nuevos amigos. Un día, su nana y su tata la llevaron a un lugar mágico: el Gran Jardín de las Maravillas.
Fue de visita en el Gran Jardín de las Maravillas y ¡qué sorpresa! Allí, entre flores brillantes y árboles juguetones, encontró a un pequeño mono con una sola oreja. El mono se llamaba Coco y, al principio, Angela se asustó un poco. Pero Coco, con sus ojos brillantes y su cola peluda, le hizo sentir muy bienvenida. Le ofreció una fruta roja y jugosa, y Angela, en lugar de rechazarla, la probó con gusto. Después, bailaron juntos bajo el sol, Coco haciendo piruetas y Angela moviendo sus manitas al ritmo de la música imaginaria.
De pronto, un gran tren de vapor apareció en la distancia, ¡un tren de juguete gigante! Angela y Coco corrieron hacia él, emocionados. El tren parecía invitarlos a un viaje increíble, lleno de aventuras. Aunque Angela tenía miedo de subir, Coco la animó: “¡Vamos, Angela! ¡Será divertido! ¡Mira, tengo un sombrero de monito!” Angela, tomando la mano de Coco, subió al tren.
El viaje fue maravilloso. Vieron ríos azules, montañas verdes y, ¡hasta un pastel gigante! Angela sonrió con alegría mientras comía un trocito de pastel y Coco la miraba con orgullo. Al llegar al Gran Jardín de las Maravillas, Angela abrazó a Coco con fuerza. Ahora, tenía un nuevo amigo y un recuerdo mágico que guardaría en su corazón. Y aunque solo fuera un pequeño viaje, Angela aprendió que la amistad y la valentía son las cosas más deliciosas del mundo.
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